Mediante engaños intentan arrebatar finca a una anciana

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Susana Arias Rodríguez podría perder una finca valuada en más de dos millones de pesos debido a que, mediante engaños –asegura–, puso su huella digital en un contrato de compraventa, y ya le notificaron que debe abandonar su propiedad de más de mil metros cuadrados, ubicada en el pueblo de San Juan Zitlaltepec.

Heredé la finca de mis padres. Aquí hemos vivido más de 100 años y ahora voy a perderlo todo. ¿Por qué?, lamenta Arias, de 80 años de edad y analfabeta, quien con apoyo de sus sobrinos interpuso en agosto de 2010 un juicio para promover la nulidad de un contrato de compraventa que, dice, conoció el día en que le informaron que sus bienes no le pertenecían.

Susana Arias Rodríguez es una de dos hermanas que sobreviven del matrimonio formado por Porfirio Arias Escalona –conocido en la comunidad por su afición a la charrería– y Loreto Rodríguez, quienes fallecieron a los 102 y 101 años de edad, respectivamente.

Heredera de la finca situada en la avenida 16 de Septiembre, sin número, en San Juan Zitlaltepec, la octogenaria sufrió un primer intento de despojo cuando un particular dijo tener escrituras del inmueble, pero su sobrina, Ana Rodríguez Vargas, medió en un juicio civil para que recuperara el inmueble.

En ese proceso fue anulada una escritura que exhibió Margarita Hernández, hija de Gabriel Hernández, doctor de la familia de Susana Arias, que reclamó la propiedad en 2001. En tribunales, Hernández perdió el pleito ante la defensa promovida por Rodríguez Vargas.

Ana Rodríguez, con la confianza de la familia, asumió la administración de los bienes de Susana Arias; incluso se convirtió en su proveedora de alimentos y ayuda para la anciana.

Sin embargo, de repente aparece un contrato de compra-venta por 400 mil pesos, explica el abogado Ruggiero Oliver, quien asegura que su cliente fue víctima de un engaño para obtener su huella digital y con ella firmar el documento de venta de sus tierras.

Tirso Rocandio Rodríguez, esposo de Ana Rodríguez, aparece como propietario de la finca de Susana Arias. El contrato fue avalado por el notario público número 79, Raúl Neme Neme, con fecha 10 de marzo de 2006.

Acusan a notario público de avalar transacción inexistente

El abogado afirma que, con engaños, Susana Arias fue llevada por su sobrina Ana ante el notario público. Le dijo que debía firmar un documento correspondiente al primer juicio, en el cual defendió su finca.

Según el documento del que dio fe el notario público 79, la octogenaria recibió 400 mil pesos por la finca, pero doña Susana dice que no le dieron nada. Hay una serie de irregularidades. Fue una compra nula, ficticia, dolosa, hecha por un notario que se prestó a un proceso amañado, sostiene el litigante.

El juicio de anulación del contrato de compraventa fue presentado en contra de Rocandio Rodríguez y Neme Neme en agosto de 2010. Ante el juzgado civil de primera instancia del distrito judicial de Zumpango, la defensa argumentó que la venta no se realizó conforme a derecho porque no hubo consentimiento de su cliente.

En mayo de 2011, el Tribunal Superior de Justicia del Estado de México (TSJEM) dejó firme una sentencia que valida el contrato de compraventa debido a que la quejosa no presentó el juicio de anulación en un plazo de 60 días, como estipula la ley, sino cuatro años después. Actualmente el caso se ventila en un juicio de amparo en contra de la resolución del TSJEM.

Ruggiero Oliver comenta que al parecer Ana Rodríguez ha hecho valer supuestos cargos en el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal y en la Procuraduría General de la República (PGR), pero no me consta.

El pasado martes, Susana Arias acudió al Centro de Justicia de Zumpango debido a que fue demandada por su sobrina por no entregar una accesoria de tres que forman parte de la finca; sin embargo, la audiencia fue pospuesta debido a que no había personal que acreditara el estado de salud de la denunciada.

Un árbol de zarzamoras de más de 100 años es el orgullo de Susana Arias, quien cuenta que lo plantó su abuelo. También muestra más de 10 guajolotes, con cuya venta espera mantenerse.

En San Juan Zitlaltepec muchos la conocen. Dicen que es como una niña, que no sabe defenderse porque sus padres siempre la protegieron. No es justo que le quiten lo que le pertenece; todos sabemos que la finca es de ellacomenta Alejandra Meléndez, vecina de la quejosa.

La anciana explica que no tiene herederos, pero su sobrina Ana Rodríguez se perfilaba como beneficiaria debido a las atenciones que le brindaba al principio; sin embargo, dijo, después empezó a maltratarla.

Una vez me hizo arrodillarme frente al altar y pedir perdón, no sé por qué. No podía hincarme porque me dolían los huesos y me obligó, acusa la anciana, quién agrega que Ana le llevaba de comer cada ocho días cazuelas de comida que tiraba, porque se echaba a perder.

Con un cuadro avanzado de artritis reumatoide osteodeformante en ambas manos, Susana apenas puede sostener objetos. Camina por su finca, entre un naranjo y una higuera, e insiste en que no está dispuesta a que su sobrina le quite lo que le pertenece.

Vecinos y familiares de la señora exigieron la intervención de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México.

No tengo nada que platicar con ustedes y les va a salir contraproducente, amenazó Ana Rodríguez a reporteros que intentaron conocer su versión.

FUENTE : LA JORNADA